miércoles, 8 de septiembre de 2010

La Historia de una Flor que se Marchita.

Siempre he pensado que las personas somos seres hechos con un propósito, con un periodo de tiempo, un comienzo y un final, es indescriptible narrar la emoción que siente un padre cuando ve a un hijo nacer, sentir que esa criatura que ves es parte de ti, pero como la vida da grandes cosas con facilidad, también las quita.
Lorena, mi pareja, juntos éramos tan felices, ella era tan bella, aún recuerdo la primera vez que nos conocimos, ambos teníamos nueve años estábamos en la iglesia, Lorena llevaba un vestido celeste y estaba en medio de sus padres, yo estaba en la banca del lado, junto a mis abuelos, nos mirábamos y sonreíamos mientras el sacerdote predicaba, en ese momento sólo pensaba en sus ojos, en su sonrisa y en lo linda que se veía con aquel vestido; Al ir pasando los años comenzamos una relación, nos amábamos tanto, éramos el uno para el otro. Cuando me dijo que estaba embarazada fue el día mas feliz de mi vida, sentí muchas cosas inexplicables, todo me hacía feliz, lo árboles, la música, las casas, la comida, los niños, el viento, el mar, todo, pero como dije anteriormente la vida da muchas cosas pero también quita bastantes, el día del nacimiento de mi hijo, Lorena no se sentía muy bien, le dolía mucho la cabeza y estaba muy mareada, yo le decía que eso era normal al igual que todos en el hospital, si hubiera tomado más atención o si los doctores hubieran hecho algo tal vez todo se habría evitado; Eran las 2:15 PM del 22 de enero, el momento en que nació mi hijo y falleció mi esposa, una hora tan contradictoria, estaba inmensamente feliz porque mi hijo había nacido y quería morir de tristeza por la pérdida de la mujer que mas he amado, el mundo florecía en una parte de mi y en la otra se estaba destruyendo.

Han pasado cinco años desde entonces, y hoy llevo a mi hijo a su primer día de clases, ese momento tan importante en la vida de un padre, ver a su hijo desenvolverse en este cruel mundo es motivo de orgullo para cualquiera.
Estos cinco años han sido muy duros, tuve que enfrentar una paternidad solo, mis padres viven en el sur y yo en Santiago, tenía que seguir trabajando pero aún así salí adelante con mi pequeño Isaías, “la flor de mi vida”. Muchas veces pensaba en morir, así de una vez se acabaría el sufrimiento, pero ver la “sonrisita” de mi bebe me daba fuerzas, ánimos, de continuar sólo por el.
Isaías es el rayito de sol de mis tristes mañanas, mi cucharadita de azúcar de mi amargo café, mi salida del túnel, mi arco iris en la lluvia, mi tranquilidad en la tormenta, mi medicina en la enfermedad, mi claridad en la oscuridad, el es mi trozo de vida en la muerte.
Lo amo con todo mi ser, aún recuerdo ese día cuando por primera vez a los siete meses y tan sólo con cuatro dientes me miró y me dijo “Papá”, o cuando a los dos años y medio me dijo “Papá, te quiero mucho”, son cosas que jamás olvidare, y siempre la llevaré conmigo.
Yo siempre mencioné a su madre, le decía que se encontraba en el cielo junto con Dios y que desde allí nos cuidaba y acompañaba. A veces íbamos al cementerio y allí junto a su tumba, se me salía una que otra lágrima pero siempre que eso sucedía Isaías me miraba y me decía, “No llores Papá, acuérdate que Mamá nos cuida desde el cielo”, ver su carita, expresándome preocupación y amor me devolvían el aliento y las ganas de continuar.
Isaías estaba al cuidado de “Susanita”, su niñera, una mujer de 63 años que estuvo apoyándome desde el momento que falleció Lorena; Susanita es una enfermera retirada y su situación económica no es muy buena razón por la cual vive en mi casa y así cuida de Isaías mientras yo no estoy.
Era 18 de Octubre, aún lo recuerdo muy bien, estaba trabajando cuando de pronto recibo una llamada desde el colegio, era la directora diciéndome que Isaías estaba muy mal…
Luego de oír esto me fui inmediatamente al colegio, donde vi a mi “pequeña flor”, estaba pálido y no hablaba casi nada, Luego de eso lo lleve a la clínica donde lo dejaron en observación ya que no se explicaban que le sucedía, tenía mucha fiebre, vómitos, le dolía mucho la cabeza y tenía problemas para respirar…
Las personas somos como plantas, en este caso como “flores”, necesitamos día a día, luz solar, agua y mucho cariño, si un día falta uno de estos factores la flor comienza a decaerse, se deshidrata y lentamente comienza a marchitarse, mi “pequeña Flor”, se estaba marchitando y no sabía por que.
Pasaron las horas, los días, las semanas, los meses y mi “pequeña Flor” cada día estaba peor, No había un diagnostico, una hipótesis, nada, nadie sabía que podía padecer mi pequeño Isaías.
Han pasado dos semanas luego del cumpleaños de mi hijo, ayer estuve con el y me dijo que quería ver a su Mamá, yo en muchos intentos le decía que ella estaba en el cielo, que lo cuidaba desde allí, pero el me respondía, que en sueños la había visto y le decía que lo estaba esperando. Eso me dejó muy pensativo, ¿que le estaba sucediendo a mi “Pequeña Flor”?, llegué a una conclusión, mi pequeño Isaías estaba muriendo de pena, le faltaba un factor muy importante a mi pequeña flor, por eso se comenzó a marchitar, “su madre”.
Es impresionante la similitud que tenemos con las flores, a mi pequeño le hacía falta el cariño maternal, estaba muriendo y yo nada podía hacer para detenerlo.
Hoy es 15 de Febrero y hace un momento atrás estuve con mi hijo; Luego de entrar a su habitación me senté, el me quedó mirando y me dijo -¿Qué pasa, Papito?, te ves triste-, yo sin poder hablar comencé a llorar y el me dijo –No llores, acuérdate que mamá nos cuida desde el cielo-, en ese momento le expliqué que no era por su mamá por quien lloraba sino por el, y me respondió,-no te preocupes, no te quedarás solo, yo y mamá te cuidaremos desde el cielo, y ya verás que en muchos años más volveremos a estar juntos los tres como una familia y cuando eso pase nunca nadie mas va a llorar-, yo le tomé la mano y le pedí que por favor no me dejara solo, el me miró y me dijo, -eso nunca pasará, porque te Amo mucho Papa, y te cuidaré siempre desde el cielo, siempre te amaré “Papito”.- Luego de decir esto cerró sus dulces ojitos y dejó de respirar, su corazón dejo de latir y su sangre dejó de fluir…
Así es la vida, nos regala cosas con facilidad y también las quita, somos como flores queriendo florecer para enfrentar la vida pero llega un momento en donde solos no somos capaces y deseamos morir, ese ya no es mi caso, se que tengo conmigo el agua, la luz solar, el amor y el cariño suficiente para seguir floreciendo, además se que algún día estaré junto a mi “pequeña flor”, que tantos días de felicidad me hizo pasar y junto a Lorena y se que los tres seremos un bellos ramo de flores.


FIN.

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